Acostumbrados a rodar por la República Dominicana como nómadas. Visitando provincia tras provincia para adentrarnos en su lado inhóspito. Fuimos dejando atrás destellos de humanismo y del calor del bien más valioso que tenemos, nuestra gente.

Detrás de las playas, ríos y montañas existen personas que día a día se despiertan felices y orgullosos de su tierra, sus logros y sueños.

Luego de nuestra experiencia en “el estomago de la montaña” como dicen los mineros de Larimar. Decidimos retirarnos y descansar del intenso día que conquistamos.
Nuestro rumbo inmediato, la comunidad de La Ciénaga. Un sector humilde pero precioso, donde la gente te empalaga de amistad y buena voluntad de ayudar.
Al llegar tocamos la casa de una familia muy querida por nosotros, personas que nos abrieron las puertas de su hogar. Su deseo de agradar y complacernos siempre es tan grande que decidimos extender nuestro rodaje.

¿Por qué no mostrar lo más preciado de nuestras comunidades? Queríamos que se transmitiera a través de nuestras cámaras el calor de las familias de Barahona.
Esta era nuestra oportunidad de brindar un toque de cariño a nuestro proyecto, un dibujo de los valores y el sentimiento puro de los residentes de La Ciénaga.

Al momento de llegar decidimos compartir nuestra cena con ellos, lo que hizo falta se recolectó de hogares cercanos que se unieron a nosotros en la cocina.
Como algo típico de la zona la cena incluía plátanos, pero plátanos barahoneros originales. Los que conocemos como más grandes y de mejor sabor, un fruto mundialmente reconocido.
También dentro del gigante caldero se cocían trozos ñame criollo y papas. Todo acompañado de un guiso de salami local con vegetales frescos del área.
Comer es uno de los placeres de la vida, compartir anécdotas y experiencias de nuestros viajes con las personas es la mejor parte de nuestro trabajo. Pero cuando tenemos la oportunidad de hacer las dos cosas al mismo tiempo, el universo conspira para hacer un momento perfecto.

Muchas gracias Barahona por brindarnos tu calor, prestarnos tus paisajes y enseñarnos tus valores.


Gary De Arriba

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