En el 2012 el Gobierno dominicano nos brindó un océano de posibilidades para el turismo de montaña inaugurando la carretera El Río-Jarabacoa.

Una carretera en condiciones óptimas que atraviesa la Cordillera Central, que además de turística arrastra un gran valor comercial. La unión entre dos pueblos que superan los 1,200 pies de altura con respecto al nivel del mar.

Nuestra experiencia pasada en Valle Nuevo nos dejó sedientos de adrenalina. La estadía en el desolado bosque nublado despertó nuestras ganas de escuchar los latidos del corazón en los oídos.

Rumbo a nuestros hogares decidimos conocer esta nueva ruta que nos guía hasta un pueblo que goza de un excelente clima y de condiciones perfectas para deportes extremos como el rafting y el parapente.
Hicimos contacto con nuestras amistades en la zona y cambiamos por completo la idea de regresar a casa.

Tomando la carretera Casabito-Constanza, específicamente en la comunidad El Río, comienza esta nueva aventura. Aprovechando como siempre para conocer todo lo que tenemos cerca de nuestra ruta, visitamos la Reserva Científica Ébano Verde.
El ébano verde es un árbol de madera preciosa endémico de nuestra isla, que solamente se encuentra en esta zona del país. En otras partes del mundo es de color negro, por esto la importancia de proteger esta especie en peligro de extinción.
También la Reserva se encarga de proteger otras especies de plantas, aves y reptiles endémicos, así como salvaguardar el nacimiento de los ríos Camú, Jimenoa y Jatubey.

Continuando con nuestro recorrido hacia Jarabacoa y preparando el cuerpo para recibir la adrenalina de las alturas, conversamos con nuestro amigo Flying Tony. Un experto en parapente, líder de las montañas y de los vientos de la zona Norte.
La única persona con la que me atrevo a lanzarme desde la cima de una montaña hacia el vacío y volar por encima de las colinas, solo para disfrutar de la hermosa vista del pueblo y experimentar la libertad de volar.
Al aterrizar y cortar nuestras alas, planeamos la próxima aventura. Algo que jamás habíamos intentado, tal vez un poco descabellado y realmente muy difícil para nuestras habilidades acuáticas.

Nuestro amigo Omar de Rancho Baiguate nos había brindado repetidas veces la oportunidad de hacer rafting en los rápidos del Yaque del Norte. Pero cuando me acerque a él y le comente que quería desafiar el río en un kayak, me dijo que estaba loco.
Definitivamente, si de algo estoy seguro, es de que nací con un par de tornillos flojos. No se en qué momento de la vida se me ocurrió que podría montar un kayak y cruzar las aguas blancas del río en el primer intento (todavía hoy no lo entiendo).
“La operación fue todo un éxito, pero el paciente falleció” esto es un deporte que necesita de técnica y mucha práctica simplemente para dar el primer paso.

Con la nariz tupida, las orejas llenas de agua y los ánimos en el suelo, retomamos la travesía por la parte más conveniente, motocicletas. Como todo pueblo dominicano, “hay más motores que gente”.
Realmente la mejor forma de conocer el pueblo era sobre 2 ruedas, un recorrido que nos brinda el contacto directo con la zona, lugares emblemáticos como el monumento a los primeros japoneses que habitaron la zona y las arepas de maíz no pueden escaparse.
Al final un poco de “monte” por la zona de Angostura, un motocross extremo entre ríos, cañadas y caminos de lodo. Así terminar con la última gota de emoción y dejarlo absolutamente todo en Jarabacoa.
El clima fresco, paisajes hermosos, los deportes, la amabilidad de la gente y sobre todo una divertida vida nocturna, hacen de este destino uno de mis preferidos a la hora de viajar.


Gary De Arriba

Jeep