Nuestras rutas usualmente son viajes largos partiendo desde Santo Domingo. Tratamos de nunca repetir carreteras, buscando la forma de hacer el viaje más interesante, este es el caso de nuestra aventura fronteriza.

Luego de un capítulo cargado de cultura e historia en Montecristi, nos enamoramos del recorrido hasta San Juan cruzando la Carretera Internacional.
DR-45 como la nombra el mapa, no es más que un camino agreste y desolado construido en el 1939 por Rafael Leónidas Trujillo.
Aunque el titulo de “carretera” le queda bastante holgado, este viaje entre el polvo y las lomas secas tiene su encanto.

Cruzando por Dajabón y Loma de Cabrera, decidimos pasar la noche en Río Limpio.
Una de nuestras comunidades preferidas, un pueblo aislado donde no hay sistema de distribución de energía eléctrica.
Por la noche su encanto se descubre con la luz de la luna, mientras la temperatura fresca y el aire puro de montaña te invitan al descanso.

Amaneció entre neblina y el cantar de las aves, retomamos nuestro destino hasta el municipio Restauración. Desde este punto nos adentramos a la cercanía de la frontera hasta tomar la Carretera Internacional.

Viajamos justamente sobre la línea divisoria de las naciones que comparten esta isla, Republica Dominicana y Haití. Entre montañas áridas y bosques de pinos, cruzamos poblados haitianos muy pobres. Se vive con un nivel alto de precariedad y los niños tristemente visualizan la esperanza de recibir una limosna de nosotros o cualquier visitante.

No todo es triste. El esplendor de un cielo brillante y despejado, el paisaje seco y el cambio drástico de clima te brindan una experiencia inolvidable. A cada lado de la frontera existe un ecosistema diferente (nuestro país un bosque verde, Haití un desierto).
Impresionantes puestos de guardias de la época de Trujillo que te dan la oportunidad de captar imágenes hermosas.
Recomendamos para realizar este recorrido un vehículo 4×4, llevar agua y comida (no hay donde comprar nada en la Carretera). Además sugerimos recolectar comida y ropa que no para los niños de la comunidades aledañas, se lo agradecerán con sonrisas provenientes del corazón.

Es un viaje para verdaderos aventureros, una experiencia que te conecta con nuestras raíces y nuestras comunidades campesinas.
Vale la pena disfrutar cada detalle de esta carretera que divide dos países.


Gary De Arriba

Jeep