Para nosotros es muy difícil no parcializarnos a la hora de tocar temas de aspecto comunitario.

Andariego se ha convertido en un evento cultural que forma parte de todos las clases sociales, agrupando personas que nos toman como guía para sus viajes y también personas que viven las experiencias a través de nuestras cámaras.

Insisto que como dominicanos aun nos hace falta tener un poco más de amor por lo nuestro, nuestras riquezas, para nosotros “cotidianas” son de gran importancia.
Cosas como nuestro merengue, nuestra comida y la alegría de nuestra gente, por más normal que parezca no existen en muchos países ¿Como vendemos y promocionamos lo que no valoramos?. Afortunadamente nuestro pedacito de tierra es tan hermoso que se vende sólo.

Entrando en materia, nos dirigimos hacía Barahona. Una provincia olvidada que realmente lo tiene todo, montañas de temperatura fría donde yacen ríos de agua cristalina, la playas de un hermoso tono turquesa (el azul más hermoso que se puedan imaginar).
Una zona geográficamente accidentada que brinda unos paisajes de ensueño y sobretodo una carretera entre las lomas y el mar que te envuelve con su encanto.

Todo esto se le suma una pectolita azul única en el mundo. El Larimar, una piedra semi preciosa que solamente se encuentra en esta parte de la tierra. Un tesoro subvaluado por nosotros y adorado por joyeros internacionales. Una roca muy compacta como su variedad la describe, que por sus cualidades es ideal para la elaboración de alhajas.

¿De dónde viene? Bueno la historia no es tan larga ni complicada. Las minas de Larimar están ubicadas a unos diez kilómetros del pueblo de Santa Cruz de Barahona, tomando un camino escarpado hasta la comunidad de los Filipinos.
Un pueblo rural de montaña donde solo viven mineros que diariamente arriesgan su vida para extraer esta roca.

La pregunta indicada, ¿Quien se encarga de esta extracción? Lamentablemente unas cooperativas y asociaciones de la zona tienen un permiso presidencial por cien años, estos se encargan de regular la mina y la venta de todo el material extraído.
En resumen, cientos de obreros de Barahona trabajan por salarios abusivos en condiciones de peligro extremo (sin supervisión de ningún profesional del área minera) para beneficiar a unos cuantos civiles que se encargan de la venta.
Regalamos nuestra roca, muy poca gente de la comunidad se beneficia y peor aún, no sabemos cuánto Larimar nos queda.

Dejando atrás la ira y el desconsuelo de la experiencia, nos adentramos en la mina y pudiendo compartir con las personas que trabajan dentro. Compartimos la experiencia de extraer este tesoro tan nuestro como el merengue y la bachata.
Pudimos entender sus historias y sus preocupaciones, pero también aportamos un poco explicando la importancia de esta roca. Dejándoles saber que mujeres y hombres en todo el mundo lucen las piedras que ellos con tanto esfuerzo trabajan.

Al contentarnos con la alegría de los mineros decidimos bajar a las playas más cercanas. En casi todas las playas de Barahona desemboca un río de agua helada, visitar la playa San Rafael y disfrutar del baño de agua dulce y de la playa es todo un espectáculo. Así como los Patos, estas playas no tienen arena. Hermosas piedras redondas de color blanco adornan la costa, creando un sonido único con el vaivén de las olas.

Realmente a Barahona no le hace falta nada, solamente un poquito de atención y de amor.
Mostrándote las puertas al Sur Profundo que espera con ansias tu visita.


Gary De Arriba

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