Aceptando la corrección valida de una de nuestras seguidoras, nos olvidamos de la denominación “Sur Profundo”. Los pueblos que nos acercan a la hermana República de Haití son más que lejanos y profundos.

Ciertamente son pedazos de paraíso virgen y aislados de la masa turística, que aguardan silenciosamente a ser descubiertos.
La palabra “fecundo” viene de abundante y fértil, exactamente a lo que nos deberíamos referir al momento de pensar en el sur fronterizo. “Sur Fecundo” suena adecuado y exacto, describe perfectamente la pasión que sentimos por esa tierra santa que nos acoge.
Saliendo de Barahona y luego de haber disfrutado de sus atractivos y de su amabilidad, tomamos la carretera hasta Pedernales. Una provincia que ocupa el 4% del territorio nacional, inmensa en riquezas naturales.
La carretera te guía bordeando toda la costa del cálido Mar Caribe, te eleva entre riscos al borde de poblados alegres y majestuosas playas.
En la ruta a gran distancia se puede divisar el Parque Eólico Los Cocos. Sus turbinas se elevan hasta 125 metros de altura haciendo que el Valle de Juancho se sienta adornado con esta inmensa obra de ingeniería.
Pionero en proyectos de energía renovable, Pedernales te da la bienvenida con su lado más tecnológico.

Continuando con el recorrido hicimos una parada en la Laguna de Oviedo, una reserva natural acuática que acoge a mas de 60 especies de aves y una gran variedad de peces y reptiles endémicos.
Sus aguas son 3 veces mas saladas que el mar producto de la evaporación, las especies terrestres que habitan sus cayos quedaron atrapadas hace años en tiempos de sequía.
Cada invierno esta laguna es el albergue de cientos de flamencos que vuelan desde la Florida hacia zonas más cálidas. Su precioso color rosado brinda esplendor a este árido paisaje.

Pedernales te brinda preciosas playas de arena suave y blanca, te enamora con el  frío de sus bosques nublados entre las montañas. En pocos kilómetros puedes disfrutar de climas totalmente diferentes, un ejemplo perfecto es el Hoyo de Pelempito. Un accidente geográfico que nos brinda una depresión de casi 10 kilómetros de superficie, rodeada de montañas de hasta 600 metros de alto.
En la cima, un mirador entre pinos que te permite atenuar el recorrido y ponerte romántico con el paisaje.
Nuestra experiencia fue totalmente gratificante, este oasis te baña de paz y te obliga a respirar el aire fresco que tanta falta le hace a nuestros contaminados pulmones.

En una próxima entrega completaremos el relato de esta experiencia de viajes que nos maravilló.


Gary De Arriba

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