Todos somos Andariego, todos sentimos curiosidad por nuevos destinos. En nuestro caso las ganas de explorar van atadas al deseo de mostrar los rincones más lejanos  y pocos conocidos de nuestra tierra.

Aprovechamos la oportunidad para llegar a lugares que siempre quisimos visitar, capturar imágenes impresionantes que merecen la atención de todos.

Como equipo vivimos eternamente enamorados de Pedernales, personalmente mi provincia por excelencia. Sus atractivos vírgenes, su tranquilidad y las playas más hermosas que he tenido la oportunidad de visitar.

Esta provincia alberga costas perfectas como Cabo Rojo y la mundialmente conocida Bahía de las Águilas (a mis ojos la más impresionante de todas). De sus aguas se abren paso dos islas de gran importancia, Beata y Alto Velo.

Con una historia que abarca desde la época de la colonización hasta la era de Trujillo, estas islas han estado presente en cartas de navegación hasta el día de hoy.
El caso de Alto Velo, un pico que se eleva más de 150 metros sobre el nivel del mar y que conserva en la cima un faro abandonado desde hace más de 30 años. Realmente esta isla está muy lejos de Pedernales (aproximadamente 80 km), el recorrido en bote es de alrededor de 2 horas desde Cabo Rojo.
Su majestuosidad es notable, se divisa desde kilómetros como una sombra de un barco de vela, de ahí su complejo nombre. A la llegada un asombroso paisaje que no ha sido tocado por el hombre, las gaviotas y demás aves aprovechan esta ventaja para anidar en el lado oeste de la isla.
Este pedacito de tierra fue una vez comandado por un solo marino que operaba el faro. Permanecía 6 meses en la isla hasta ser relevado.

El recorrido es bastante fuerte, no existe camino alguno, pero la vista que se puede contemplar desde la cima, al final entendemos que vale la pena el dolor en las piernas y las espinas de cactus, de caminar entre las rocas.
Coronamos el punto más al sur de la República Dominicana,  y también el pico más alto de la cordillera submarina, la isla Beata.

Al terminar nuestra caminata decidimos regresar a isla Beata y pasar la noche en su playa. La comunidad de pescadores de la isla nos recibió con una pesca fresca para la cena, nos dirigimos a casa de uno de nuestros amigos en la isla donde cocinamos. Preparamos nuestras casas de campaña justo frente al mar, la noche nos invitaba a soñar y las olas eran nuestra música de fondo.

El despertar nos motivo a conocer un poco de Beata, una isla que fue durante la dictadura una cárcel política. En su lado más oeste aun quedan las ruinas de las instalaciones. Las personas que viven en la isla se dedican a la pesca y al comercio, se rigen por normas de respeto y amistad para mantener vivo el sentimiento de comunidad.

Más que una aventura fue una experiencia inolvidable, pescar los alimentos, dormir en la isla, compartir y conocer sus historias. Escuchar las experiencias de vida de estas comunidades y compartir con ellos nuestro recorrido por todo el país es lo más enriquecedor de Identificarnos como viajeros sin destino.

Ellos detrás de la pesca, nosotros detrás de paisajes.


Gary De Arriba

Jeep