Cuando algún extranjero me pregunta acerca de mi país, me lleno de orgullo diciendo que “mi país es una tierra de detalles”. Cada región, provincia o municipio tiene algo precioso que admirar, encantos que valen la pena conocer.

Por más inhóspito que sea, existe ese “detalle” que me impulsa a viajar, descubrir y abrir paso a una nueva aventura.

La región Este es conocida por su turismo de lujo en la provincia La Romana, y también por sus majestuosos hoteles “todo incluido” de las costas de La Altagracia.

Pero a veces la poca curiosidad nos limita y dejamos escapar cosas importantes, destellos que están frente a nuestras narices y no los podemos apreciar. Este es el caso de una provincia de origen ganadero desde las épocas coloniales, un oasis ignorado por casi todos los dominicanos, Hato Mayor.

Responsable de la producción de frutos cítricos más grande de la isla, productora de gran parte de la leche y productos lácteos que consumimos.
Hato Mayor tiene muchos atributos que explotar y un potencial eco turístico inmenso.

Nuestra aventura comienza con las ganas de hacer un recorrido bajo tierra, adentrarnos en alguna gruta y llevarles un nuevo destino para los más arriesgados. Y para esto, ¿Qué mejor lugar que la Cueva Fun Fun?

Al llegar a Rancho Capote, inteligentemente tomamos un segundo desayuno. Allí tuve la dicha de tomar el néctar más delicioso que mi paladar ha podido degustar: jugo de mandarina fresca. Suena exagerado, pero nunca se me hubiese ocurrido hacer un liquido de una de mis frutas preferidas (definitivamente tengo un detalle emocional con las mandarinas).

Prepararnos para el desafío solo amerita colocarnos un casco, un disfraz de minero y unas botas de goma.
Breves explicaciones de las actividades que realizaremos y una oración antes de la salida.

Comenzamos un recorrido a caballo impresionante, una ruta entre árboles y caminos vecinales que nos desplazan hasta un terreno agreste de roca caliza donde debemos darle uso a nuestros pies.
Caminamos algunos 40 minutos que nos adentran al Parque Nacional Los Haitises. Para los amantes de los animales, de las monturas y el hiking todo es parte de un premio que culmina en la entrada a la cueva.

La llegada te decepciona, esperas una gigantesca caverna impresionante. Al visualizar la pequeña grieta de algunos dos metros de ancho que se hace llamar “La entrada” comienzas a pensar que la aventura será un fracaso.
Pero al asomarte y entender que harás un descenso a rapel de 54 pies, la cosa cambia. Bajando por la cuerda y acostumbrando la vista a la total oscuridad, te cuesta entender que esa inmensidad estaba bajo tus pies minutos atrás.

Si les cuento que dentro de la cueva nace un río, creo que entenderán la magnitud del asunto. Te trasladas bajo tierra, un total de casi cuatro kilómetros, debes escalar, nadar, aguantar la respiración por algunos segundos y sobretodo vencer el miedo claustrofóbico que inconscientemente todos cargamos.

La ausencia de luz brinda la oportunidad a especies como camarones ciegos, peces y murciélagos a vivir dentro de Fun Fun. Muestras de fósiles prehistóricos, y toda clase de formaciones rocosas te trasladan por segundos a un libro de ciencias naturales.

Tomando en cuenta que esta gran cueva fue una vez un área sagrada para nuestros ancestros los Taínos, también hay una gran colección de pictografías y petroglifos que merecen admiración.
Todo formaba parte de una especie de templo para los dioses, donde surgía un río que les daba vida a su gente. Y misteriosamente por minutos sientes la magia del lugar, te adentras tanto en su acogedora tranquilidad que pierdes la noción del tiempo y te dejas llevar.

Como imaginarse que en esta marginada provincia también existen alternativas turísticas. Como hacerlo si nosotros mismos no le brindamos el apoyo, no corremos la voz, ni tampoco nos arriesgamos a vivir la experiencia.
Todos tenemos en nuestros bolsillos un granito de arena que aportar, trae el tuyo hasta Hato Mayor #TodosSomosAndariego.

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